
"Cuando le contaba a mis amigos que estaba enamorada de mi “cibernovio” pensaban que era mi imaginación pero ya que lo conocieron se quedaron con la boca abierta, y más cuando nos casamos; creo que tenemos una gran historia de amor". Relata Dilcia una joven que encontró el amor de su vida a través de la Red.
El avance de la tecnología a pasos agigantados, ha cambiado desde la forma en que vestimos, compramos, comemos, pensamos, hasta la forma en que nos relacionamos. Historias como estas son las que rondan la web, algunas con un final feliz, otras no.
Dilcia, conoció a Mario a través del Messenger de Hotmail. Él vivía en Italia y ella en Pimentel, y comenzaron a tener contacto, porque una amiga en común los presentó a través de esta modalidad de mensajería instantánea.
Al principio las cosas resultaron un poco extrañas y difíciles, porque ella no hablaba italiano y él tampoco español. Mientras cada uno aprendió el idioma del otro, su amiga en común les servía de traductora.
Al poco tiempo, Mario comenzó a llamar todo los días a Dilcia por teléfono. La amistad se inició en octubre del 2004 y Se hicieron novios cuatro meses después. Estos se enamoraron sin conocerse.
"Todos los días nos hablábamos por teléfono, y cada vez nos amábamos más y más. Me escribía canciones y me daba serenatas por la Webcam, porque él es súper romántico". Cuenta la joven enamorada.
El 10 julio del 2005, Mario viajó a Santo Domingo para conocer a Dilcia en persona. Ambos estaban muy nerviosos de verse por primera vez, pero la conexión fue inmediata. Se dieron cuenta que todo lo que sentían a través de la computadora y del teléfono, era real y seguía tan fuerte como siempre o más.
Más tarde, Dilcia viajó varias veces a Italia, en donde permanecía por espacio de tres meses, hasta que decidió quedarse en ese país. Allá se casaron por el civil, y en mayo de 2010 unieron sus vidas ante Dios.
La Red rompe la forma tradicional de relacionarse

¿Quién iba pensar que la aparición de la Internet cambiaría la forma de relacionarnos, de tal manera que podamos encontrar “nuestra alma gemela” al otro lado del mundo?
Y pensar que a mediados de la década de los 60, cuando Estados Unidos creó la Agencia de Proyectos Avanzados de Investigación (ARPA, por sus siglas en ingles), para que los rusos, no volvieran a sorprender al gobierno norteamericano, con avances tecnológicos, como ocurrió con el Sputnik.
Nunca se imaginaron que su experimento para conectar a la Universidad de Berkley con el Massachusetts Institute of Technology (MIT), en el que se utilizaron cables de líneas telefónicas, dando paso a la primera red de área amplia o Wide Area Network (WAN) y luego ARPANET, la primera red de computadoras, daría paso a interacciones sociales de esta índole.
Hoy en día, existen sitios de internet gratuitos y lucrativos que recopilan en bases de datos características físicas como tipo de cuerpo, altura, color de ojos y de piel, cabello, y características de personalidad como educación; si desea tener hijos, etnia, idioma, religión, ocupación, si fuma o ingiere alcohol.
Opinión del experto
De acuerdo a la opinión del psicólogo Roberto López Franco, a raíz del surgimiento de las redes sociales, el amor se ha convertido en una herramienta de consumo inmoderado y compulsivo.
“La mediación de la red social favorece la posibilidad de mantener relaciones afectivas, incluso sexuales a nivel virtual, con diferentes personas sin que eso menoscabe la estructura cognitiva”.
López franco señala, que en un futuro, esta nueva forma de relacionarse afectivamente a través de la computadora, determinará o cambiará los comportamientos sociales.
“De cada diez mujeres u hombres que suelen buscar parejas en Internet, la mayoría se queda con una relación virtual y mediática que no trasciende; no pasa a una práctica emocional, afectiva ni sexual”, apuntó.
Las personas que logran concretar una relación sólida a través de la red, son la minoría, sin embargo, existe la percepción de que es mucha gente la que encuentra el amor gracias a una computadora y al Internet.
El psicólogo explica, que una pareja que inicia su relación en una red social, tiene dificultades para acoplarse mutuamente una vez que deciden tener una relación real, pues se enfrentan con más problemas de los que tiene una pareja en la vida cotidiana.
Antes, el proceso de acoplamiento de una pareja era de dos años después de vivir juntos. Hoy día, el compromiso y el conocimiento de la pareja es de tres o seis meses, y en seguida deciden vivir juntos, advirtió el psicólogo.

López Franco considera, que es mejor el conocimiento real y físico de la persona, a una relación que está mediada por la fantasía y una computadora.
Lo ideal es que después de 45 días o dos meses máximo, de haberse conocido a través de la red, la pareja contemple la posibilidad de conocerse personalmente.
“Un encuentro en el cual las dos personas puedan manifestar sus deseos, fantasías y necesidades, y después mantener los encuentros reales por espacio de tres a seis meses”, recomendó.
Después de ese tiempo, según el experto, las personas ya pueden contemplar la posibilidad de convertirse en pareja o casarse.
“Este tipo de relaciones suelen tener un fin rápido y efímero, porque se les olvida que el objeto de amor no es la persona, sino la computadora”, advirtió Lopez Franco.
Síntomas de las relaciones virtuales
Las personas que recurren a las redes sociales para encontrar el amor, generalmente han vivido situaciones amorosas traumáticas que les provocaron temor e incapacidad de acercarse a los otros, y la computadora se vuelve su proveedora de emociones, afectos, sentimientos, y de prácticas sexuales virtuales.
Otro perfil de asiduos a las redes sociales, encaja en las personas esquizoides y bipolares porque son aisladas y la computadora se vuelve una herramienta para desahogar sentimientos y emociones.
“Las personas que sufren la pérdida de un ser querido, también llegan a convertir a la computadora en su única compañía, porque así sienten que no se arriesgarán a una situación traumática”, dice López Franco.
El psicólogo recomienda a las personas tratan de encontrar el amor en la vida diaria y real, y no en una computadora.