
De la misma manera que se promociona la Republica Dominicana como esa tierra de gente buena y hermosas playas, debería incluirse el de “tierra de los apagones” y sacar un anuncio al mercado en el que modelen 3 tainas semidesnudas y una galán de taparrabo pescando en el rio y eslogan leído por un locutor de voz potente que rece: si usted quiere sentirse como en la edad de piedra, sin electricidad para mover ninguna aparato de la edad moderna, ¡venga a la Republica Dominicana y haremos sus sueños realidad!
Porque la verdad, esos apagones que son una cotidianidad para nosotros, resultan muy atractivo para el resto de los países del mundo, donde los apagones son tan escasos como los eclipses. La última vez que en Estados Unidos hubo un Black Out, como se dice en inglés, salió en los periódicos como un acontecimiento de extrema rareza, si aquí saliera en el periódico cada vez que hay un apagón, no se podría publicar ninguna otra noticia o se tendría que hacer una edición especial de las EDEs.
Hace unos meses vinieron al país unos amigos franceses, uno de ellos ni siquiera hablaba español, estaba hospedado en la casa de un amigo en Villa Mella y allí pasó la travesía de su vida, nunca había agua ni para bañarse y ni luz aun para dormir, de hecho las primeras palabras que aprendió fueron: hola y se fue la lú'!
Ante esta situación, nos preguntamos ¿Qué se puede hacer? y lo único que aparentemente se puede hacer para que la situación mejore es quejarse ante las autoridades y pagar religiosamente las cuotas mensuales por el siministro de luz, pero eso, tampoco funciona.
Hablar de los apagones es como llover sobre mojado, existe una impotencia y una resignación generalizada en la población, se han perdido los ideales que que merecemos algo mejor y nos hemos adaptado a soportar lo que esta mal, porque no conocemos otra forma.

