
Mateo Aquino Febrillet ha ganado, por un tris pero ha ganado. Necesitó una segunda vuelta para demostrarle a su contendor Iván Grullón que él, era el elegido.
Fueron unas elecciones reñidas, que convirtieron la universidad en un circo donde cada día se ponía en escena un payaso y al final haciendo malabares de siete candidatos, dos se disputaron la rectoría.
¡Cuantos días sin sosiego! Algunos profesores andaban en un corre corre, teléfonos que no dejaban de timbrar, otros pululaban sin rumbo hasta hacer escalas en las aulas horas tarde y excusarse: “disculpen ustedes saben que hay elecciones” y el resto simplemente no podía dar su clase sin ser abruptamente interrumpidos por la multitud vociferante: ¡Febrillet! ¡Febrillet! /¡Ivan! ¡Ivan!...”Una discolai” o un cuchicheo eterno que anegaba todo intento de comunicación en las facultades.
Fueron días terribles en los que no se podía una sentar tranquilamente a leer un folleto en sus horas libres a causa del ruido ni caminar por las calles sin toparse con una caravana que en los últimos días se transformó en un desfile carnavalesco.
Nunca vi en persona a ninguno de los susodichos candidatos, pero no hizo falta pues las calles y las facultades estaban embadurnadas con sus hipócritas caras sonrientes; invadieron nuestro espacio ¡cuánta contaminación sonora y visual!, no se para qué si la mayoría de estudiantes ni siquiera votamos.
