"La hipótesis vuela, el hecho camina; a veces el ala rumbea mal, el pie pisa siempre en firme; pero el vuelo puede rectificarse, mientras el paso no puede volar nunca". José Ingenieros.













sábado, 26 de febrero de 2011

Al Fin Acabaron las Elecciones UASD


Mateo Aquino Febrillet ha ganado, por un tris pero ha ganado. Necesitó una segunda vuelta para demostrarle a su contendor Iván Grullón que él, era el elegido.

Fueron unas elecciones reñidas, que convirtieron la universidad en un circo donde cada día se ponía en escena un payaso y al final haciendo malabares de siete candidatos, dos se disputaron la rectoría.

¡Cuantos días sin sosiego! Algunos profesores andaban en un corre corre, teléfonos que no dejaban de timbrar, otros pululaban sin rumbo hasta hacer escalas en las aulas horas tarde y excusarse: “disculpen ustedes saben que hay elecciones” y el resto simplemente no podía dar su clase sin ser abruptamente interrumpidos por la multitud vociferante: ¡Febrillet! ¡Febrillet! /¡Ivan! ¡Ivan!...”Una discolai” o un cuchicheo eterno que anegaba todo intento de comunicación en las facultades.

Fueron días terribles en los que no se podía una sentar tranquilamente a leer un folleto en sus horas libres a causa del ruido ni caminar por las calles sin toparse con una caravana que en los últimos días se transformó en un desfile carnavalesco.

Nunca vi en persona a ninguno de los susodichos candidatos, pero no hizo falta pues las calles y las facultades estaban embadurnadas con sus hipócritas caras sonrientes; invadieron nuestro espacio ¡cuánta contaminación sonora y visual!, no se para qué si la mayoría de estudiantes ni siquiera votamos.

domingo, 20 de febrero de 2011

Mi pan de cada día: la puerta este de la UASD


Entre el verdor de los árboles y la metálica malla de la cancha se vislumbra una caudalosa corriente humana que como las olas te arrastra hacia el mar, hacia la UASD. Zigzagueando al fin llego a la puerta este, la cual se levanta fuerte e imponente, con su honorífico escudo de acero y una bandera ondeante azul y blanco de la universidad junto a una tricolor que nos recuerda la frase: ¡Dios, Patria y Libertad!

¡Dios! Es la expresión que se lee en mi rostro al observar el cuadrilátero que conforman las cuatro calles que se intersecan en la pequeña rotonda frente a la puerta. Un efluvio infinitito de Carros, jeepeta, motores y una que otra bicicleta se agolpan presurosas, sin olvidar las guaguas monstros salvajes que escupiendo humo penetran temerarias por donde se pueda, a veces causando accidentes, dando sustos y provocando el odio de la gente.

Una hilera de comerciantes tanto nacionales como haitianos decora ambos lados de la puerta, una especie de mercado improvisado: Un puesto de gomas para el pelo “por si le a calor y quiere recoger su melena”, le dice la joven vendedora a una estudiante de hermosa cabellera. En seguida una o varias paleteras surtidas con todo las chucherías que se pueda usted imaginar, desde chicle, galletas, chocolates hasta cigarrillos y café para los viciosos.

El frutero otro personaje que no falta en las puertas de la UASD, pues constituye la única fuente de comida “sana”; el típico tarjetero de traje naranja que dice: Orange, sujetando en alto una cajita de cristal con un repertorio tarjetas de cada compañía; un heladero de guagüita anunciadora, que de momento no anuncia nada; el señor de los jugos, quipes y empanadas que al parecer no le molesta tener al salchichero de vecino, pues cada quien tiene su propia clientela y casi olvidaba al nuevo integrante de la familia: “el peliculero” que cuenta con una selección de películas que incluye hasta las que no han salido, pregúntese usted cómo es que las piratearon entonces.

En fin los interminables estruendos de los cláxones, el cuchicheo de los transeúntes, el vaivén de estudiantes que al parecer andan por la luna, la fila de guagua aguardando turno mientras los cobradores vociferan y el coro de la esquina junto al puesto de hotdogs son de las cosas que se pueden ver aquí cada día.