"La hipótesis vuela, el hecho camina; a veces el ala rumbea mal, el pie pisa siempre en firme; pero el vuelo puede rectificarse, mientras el paso no puede volar nunca". José Ingenieros.













domingo, 20 de febrero de 2011

Mi pan de cada día: la puerta este de la UASD


Entre el verdor de los árboles y la metálica malla de la cancha se vislumbra una caudalosa corriente humana que como las olas te arrastra hacia el mar, hacia la UASD. Zigzagueando al fin llego a la puerta este, la cual se levanta fuerte e imponente, con su honorífico escudo de acero y una bandera ondeante azul y blanco de la universidad junto a una tricolor que nos recuerda la frase: ¡Dios, Patria y Libertad!

¡Dios! Es la expresión que se lee en mi rostro al observar el cuadrilátero que conforman las cuatro calles que se intersecan en la pequeña rotonda frente a la puerta. Un efluvio infinitito de Carros, jeepeta, motores y una que otra bicicleta se agolpan presurosas, sin olvidar las guaguas monstros salvajes que escupiendo humo penetran temerarias por donde se pueda, a veces causando accidentes, dando sustos y provocando el odio de la gente.

Una hilera de comerciantes tanto nacionales como haitianos decora ambos lados de la puerta, una especie de mercado improvisado: Un puesto de gomas para el pelo “por si le a calor y quiere recoger su melena”, le dice la joven vendedora a una estudiante de hermosa cabellera. En seguida una o varias paleteras surtidas con todo las chucherías que se pueda usted imaginar, desde chicle, galletas, chocolates hasta cigarrillos y café para los viciosos.

El frutero otro personaje que no falta en las puertas de la UASD, pues constituye la única fuente de comida “sana”; el típico tarjetero de traje naranja que dice: Orange, sujetando en alto una cajita de cristal con un repertorio tarjetas de cada compañía; un heladero de guagüita anunciadora, que de momento no anuncia nada; el señor de los jugos, quipes y empanadas que al parecer no le molesta tener al salchichero de vecino, pues cada quien tiene su propia clientela y casi olvidaba al nuevo integrante de la familia: “el peliculero” que cuenta con una selección de películas que incluye hasta las que no han salido, pregúntese usted cómo es que las piratearon entonces.

En fin los interminables estruendos de los cláxones, el cuchicheo de los transeúntes, el vaivén de estudiantes que al parecer andan por la luna, la fila de guagua aguardando turno mientras los cobradores vociferan y el coro de la esquina junto al puesto de hotdogs son de las cosas que se pueden ver aquí cada día.

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